La segunda actividad de la Fundación Iván Omar Lugo González fue una presentación extraordinaria que reunió a amantes del arte y entusiastas de la filantropía. El evento principal de la noche fue una subasta de obras del reconocido pintor José Becerril, cuyas creaciones habían cautivado a la comunidad artística en los últimos años. Además, se presentó una exclusiva bola autografiada de Iván Rodríguez, un objeto de gran valor tanto para los coleccionistas como para los aficionados al deporte, donación por Sunwest Mortgage.
El salón del restaurante Casa Mía en Mayagüez, se encontraba lleno de emoción y expectativas mientras los invitados se congregaban para apoyar la noble causa de la fundación. La Fundación Iván Omar Lugo González tenía como objetivo brindar apoyo a programas educativos para niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad, por lo que este evento era fundamental para recaudar fondos y asegurar la continuidad de sus actividades.
La subasta de las obras de José Becerril fue el plato fuerte de la velada. El artista, conocido por su estilo vanguardista y su capacidad para transmitir emociones a través de sus pinceladas, donó generosamente una selección de sus obras más destacadas para ser subastadas. Cada pieza reflejaba la sensibilidad y el talento artístico del pintor.
Al mismo tiempo, la bola de Iván Rodríguez, una reliquia del deporte. La bola representaba un testimonio de la excelencia deportiva y un símbolo de inspiración para los interesados en el deporte.
La subasta concluyó y continuamos con la velada. Los participantes mostraron su generosidad y entusiasmo, comprometiéndose así con la misión de la fundación. Tanto las obras de José Becerril como la bola de Iván Rodríguez encontraron nuevos hogares, y los fondos obtenidos permitirían a la fundación continuar con su valioso trabajo en beneficio de los jóvenes más necesitados.
La segunda actividad de la Fundación Iván Omar Lugo González fue un evento donde el arte y el deporte se unieron en pro de una causa noble. La subasta de las obras de José Becerril y la exhibición de la bola de Iván Rodríguez dejaron una huella imborrable en la comunidad, demostrando que la pasión por el arte y el compromiso con la educación pueden transformar vidas y brindar oportunidades a quienes más lo necesitan.
